¿A las minas de Sex and the City no les llegaba la regla?

No es que fuera muy fan de la serie pero tengo la impresión de que ellas eran perfectas muñecas asépticas porque no recuerdo haber visto que alguna de ellas anduviera con la regla y no pudiera tirar. (Las únicas hormonas que tenían eran las que las ponían histéricas) Claro, hacia el final a una le llegaba la menopausia y recién ahí una se daba cuenta que no eran máquinas sobre tacones altos. Pero estas minas andaban tirando libremente por la vida y nunca tenían que decir: “Pucha no puedo, estoy en veda” (o alguna forma más fifí que mi elección criolla). Ya, OK., no me puedo hacer la cucha y no reconocer que cuando yo he estado con un pololo bien tela, se puede tirar igual con la regla. Algunos dicen que es más rico, otros que es antihigiénico. Yo opino que con condón y unos meses de relación, más una minuciosa limpieza previa con la ducha, se puede. Sobretodo si una toma pastillas, porque ahí el flujo es mucho menos. Igual para mí es medio incómodo, sólo lo he hecho cuando en verdad el pololo me insiste mucho. (Me reservo los comentarios sobre la OTRA forma de hacerlo en esos días porque es demasiado jugoso para los hombres que una comente sobre eso si le gusta, y demasiado típico que una diga que no le gusta, así que lo dejaremos en suspenso…)

Pero demasiado de tecnicismos sobre tirar con la regla. Lo que me sorprende es que estas webonas anduvieran tirando asi no más con cualquier tipo (o tipa) sin tener la regla. Y peor debe ser cuando se está en una relación lésbica, porque andar haciendo el beso del payaso olvídate que me interesa.

Y más encima todo esto lo escribo de puro picada porque hoy me llegó una llamada de emergencia y le tuve que decir que no porque estoy menstruando. Pero por la puta, las hormonas no se apagan, de hecho algunas mujeres dicen  que se sienten más cachondas en esos días. Irónico.

Ultimamente estoy escribiendo demasiado de sexo. Que miedo, me convertiré en una más.

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Siempre es bueno dar segundas (y terceras) oportunidades

Esas raras ocasiones en que una recibe una llamada/mensaje de texto/tuiteo interno/ mensaje en facebook de un amigo, ese amigo que, como pocos, conoces hace muchos años y es el webón más relajado de la vida. Un tipo que ves unas cuantas veces al año, y nunca te ha gustado como pa’ pololo pero que, casualmente, te follaste alguna vez. Esas raras ocasiones en que el amigo está soltero y una igual, y se le ocurre invitarte a “tomar chelas”. Entonces respondes el clásico “ya poh, wena”, “sabes qué, no tengo ganas de hacer na”, o, como fue mi caso, “Puta no, guachito, estoy ocupada”. Pasa que cualquiera de las respuestas es una muestra de descarnada honestidad porque este amigo te inspira cero pudor y te da igual. Pero ese amigo quiso decir “pegarnos una cacha” sólo que fue demasiado caballero como para decirlo de buenas a primeras. Si decide entonces fumarse un pito, puede que le suba la calentura y lo de caballero se vaya al ñafle y llegue otra llamada/mensaje de texto / etc. donde exprese un rotundo “te quiero culear”. Y una piensa, casualmente, en las dos primeras veces que follaron. Pese a la reputación despampanante del socio, ambas fueron desastres totales: demasiada cerveza una vez y la otra de una fugacidad preocupante. Pero, aunque una no anda tan caliente, por un azar incomprensible, decide darle a este amigo guena onda medio jipi, una tercera oportunidad (la tercera es la vencida). Entonces: ¿Cómo esconder la cara de haber tenido sexo (del bueno) cuando una llega al edificio y el portero se revienta de la risa si te ve? Porque el amigo se las mandó, y una se queda pensando en lo que se habría perdido si no hubiera querido darle esa tercera oportunidad. Ese día la sonrisa no me la sacaba de la cara ni con diluyente. Y ahora, después de hartos meses, el amigo sigue de amigo como si nada hubiera pasado, se encontró una mujer linda y chora que le monopolizó la calentura, y yo estoy súper feliz de que el tenga su pareja y no hay sombra de celos ni incomodidad. Pucha que cuesta llegar a tener esa confianza en los otros y en una misma. Pero es lindo y natural. No me imagino poder ser cartucha y hacerme la frígida estas alturas de mi vida.

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Mi amiga pseudo hipster pseudo depresiva

De esa inconsistencia profunda de la amargura intensa y el intento de rehabilitación fallido. Pero si fuera realmente amargura entonces ni intento habría, de modo que hasta fallar en el fracaso, no ser realmente amarga porque ” una patética (sic) parte de si misma se rehúsa a aceptar su destino de fatalidad” . Una caricatura que debiese alertarme del riesgo de la queja pegajosa. Y aquí estoy yo balbuceando idioteces. Mejor me pego a mi misma una cariñosa patada en el culo por pelotuda. Y sonrío de paso.

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Debí responder: “Cuando grande quiero ser un quirquincho”

Odiar que esos seres encuentren ese sexo y ese amor tan fácil

Ser una mezquina, una exiliada de esa tierra bendita

Mirar a esas mujeres con desdén y (no tan) secreta envidia

Vislumbrar este naufragio irremediable

Respiro hondo y medito en las recetas de la nada que la gente propone como cura

Con un ánimo oscuro porque se me acabó la pintura blanca.

Querer respuestas inmediatas

¿Habrá una pastilla de esperanzas? Un  vaso de agua, la pastillita, y ¡Zás!, curada del desespero.

O resignarse a esperar nada de cualquiera, pero hacer esa doctrina efectiva, sin trampas,

No dejar que el interior blando prime, ser corteza milenaria.

No necesitar de nadie, engendrar esta pena en rabia, odio o desprecio calcáreo,

Cuajar esta sangre en costra, vivir en ella como un quirquincho.

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Poetas relamidos

Primera aproximación a una empanada: masa insípida, deja bastante que desear. Vaga esperanza en el relleno. Ganas de que las cafeterías de Santiago tengan refill. Comerse el borde primero (porque es lo menos rico), maña o costumbre de niña. En la radio “Venus as a boy”. Alguien me dijo que Björk está sobrevalorada. ¿Quedarme acá o irme a la casa? Deseos de copiar un menú en una hoja blanca como un viejo mezquino sólo para observar la cara de la mesera. ¿Embanderarse tendrá sentido? ¿Conocerse? Me iré a Casa Central a pasar el rato. Boté mi plata en esta empanada y este café, ambos deficientes.
Me resisto a escribir sin sentido, habrá que llamarlo para que me acompañe. Sobre todo porque algunos relamidos poetas se hunden en su propia mierda con propiedad y desdén. Se deshacen en estéticas arrugadas y principios acabados. (Insultante que te sirvan un café en un vasito de cartón si te lo estás tomando sentada en el café. Me gusta el café con más leche)
Poetas relamidos autocomplacientes y onanistas, dejan escapar versos con el mismo tono pastoso pseudo sensual, con la mente en el sonido del líquido seminal, manchándose la piel de palabras mustias en un espasmo de aprecio a su obra como un gran falo rezumante, el final de un poema como un eructo o una eyaculación, ese oneroso instante en que la poesía se transforma en un candado chino y ese poeta relamido cumple su ciclo en perfecta incomunicación.
Por eso me resisto a escribir poesía. Mejor pago y salgo a caminar.
Esa certeza, siempre, al dejar el lápiz sobre la mesa, de que eso alguien ya lo escribió o lo dijo mucho mejor.

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Lo que pensé cuando iba a empezar la primavera

“Mañana empieza la primavera pero hace rato que mi alma viene queriendo primaverar”

Pero parece que en mi planeta el eje es paralelo a la eclíptica y vivo en un hemisferio en eterno invierno.

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Ey tú, lolita, sí, tú, oye lo que te digo: ¡Educa a tu hombre!

Porque muy probablemente su madre no lo hizo, por el bien de sus futuras pololas, por tu propio bien: educa a tu hombre. Ser cromagnon es contagioso, pero una vez que el hombre evoluciona no mira atrás, se puede mimetizar entre sus compañeros pero ya entiende las ventajas de la evolución.

Yo lo hice una vez: hay que partir de lo básico, algo tipo: “Hola, mira, este es el silabario de las emociones. Sí, aunque no lo creas, importan” Por supuesto la paciencia que hay que tener te la encargo, me costó sus buenos meses. Pero al cabo, me enamoré bien enamorada como las bobas, porque era bueno.

Yo dejé a mi hombre educado. Lamentablemente una no puede cambiarles todo, si el tipo nació en su familia, es de derecha, pragmático y no tiene cultura musical, difícil convencerlo. E imposible apagar el bicho interno que me hace buscar mi principe azul izquierdoso que sea músico y culto, que lea a Cortázar, etc. Pero mi ex es un buen tipo, fue prontamente capitalizado por otra fémina con menos pretensiones artísticas que yo. Y (creo que) es feliz, lo que extrañamente me trae una paz inmensa.

Por eso, hágale un bien al género femenino: Eduque a su hombre, no lo malcríe.

PS: Si usted cree que me olvidé de la educación sexual, no se preocupe, ya se viene.

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Hospital de niños quemados

Ir al GAM a tomar un café con un atrasado Martín. Perdón. Ir al GAM a esperar a Martín cuyos ojos se deslizaron indiferentes sin reconocerme en un descuido mío, alelada contemplando a un flautista cuyo silencio me lanzó al encuentro de fantasmas. Martín no sabía que su pequeña distracción tenía mucho de destino y no intuye qué sombras se confabulan a esas horas en sitios tan inocentes como el GAM. Mi amigo no entiende lo vulnerable, el escalofrío dentro del pecho que permanece por horas conjurado por el espectro encarnado en un hombre  con rasgos andinos y pelo blanco. Un viejo que conocí alguna vez, amigo de un pozo sin fondo donde hasta el color negro se siente abandonado. Un pozo con presunciones de músico, desastre de hombre que no sabe amar, ni siquiera a si mismo, aborto de poeta con una piel tan bella y una voz aflautada como un hilo, en lamentable contradicción con el porte y afanes de su sexo siempre tan presto a la turgencia y tan inagotable, como pretendiendo borrar las presunciones de homosexualidad. Prueba viva de que amar y follar pueden ser totalmente disímiles, capaz de quitarte la alegría de vivir y de darte más orgasmos que horas en una noche que es un día.  Piel de verduras, cuerpo pequeño, de fierro, cara de indio con nombre de árabe, feo como sólo él puede ser feo, a costa de lo mucho que se odia y que odia a las mujeres que colecciona no en cuerpo, si no en deblaces, su orgullo es recoger pequeños pedacitos de las mujeres que desarma y construir su pseudo poesía escatológica. Deja tras de si un reguero de gusanos, la tierra que pisa queda yerma y él nunca vuelve la cara, porque tiene los ojos fijos en la fantasía que es su pasado.

Él nunca pudo comprender cómo escapé de su vorágine, no entiende qué me sacó de las arenas movedizas. Después no pude tocar a un hombre por más de seis meses, sentía que se me había podrido el útero, que en cada orgasmo me había robado un poco de lo que era.

Y todo esto no pude decir. Sumida en la soledad de un abrazo inconcluso, como una mentira no poder gritarle en la cara a nadie esa verdad. Esa verdad de haber mirado en la cara a un muerto viviente, de haberlo perdido todo y de haberse estropeado el alma casi a voluntad. Esa verdad de reconstrucción, con cara de hospital de niños quemados.

Mal

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It’s complicated

Se me ocurrió la trillada y poco brillante idea de tuitear que tengo una nueva polola: mi tesis. O sea no es nueva pero nos habíamos dado un tiempo. Pero es mentira, estoy pololeando conmigo misma no más, es la relación más duradera que he tenido en mi vida, aunque a tenido periodos complicados en los que me he sacado canas verdes.

El viernes se casó Agustín, uno de mis mejores amigos de la U. Iglesia y fiesta con parafernalia, fue choriflay pero siempre tengo que darle a la mollera con esas cosas. ¿Por qué dos personas pueden querer estar juntas para toda la vida? O sea yo feliz de que mi amigo se case, se ve feliz y enamorado y la polola (esposa) es una mujer bastante hecha y derecha, la cosa no es por ellos en particular. Me imagino atada a un webón del cual me enamoré follándolo ad infinitum, todas las noches dormir con el mismo cuerpo al lado, tener sexo desenfrenado y novedoso al principio, pero después de diez años, ¿Seguir haciendo el amor rutinario, cada vez más esporádico, conformarse a tener un sólo orgasmo por polvo?.

Es genial estar en una relación conmigo misma (y amantes ocasionales) porque no me canso de mí, porque no tengo que aguantar el olor a patas de nadie más, porque hago lo que me da la gana, porque me aguanto mis infidelidades y porque me encanta levantarme y mirarme unos ojos verdes de envidia.

Ojo que mira la ciudad

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Ojalá que mañana amanezca soleado

No me malentiendan, amo mi independencia y la defiendo con uñas y con dientes,
me encanta tener la libertad de arrancarme de lo cotidiano sin dar explicaciones,
irme a la hora que quiero de donde quiero, etc. Pero hoy lloré de rabia y pena porque estar soltera a veces te limita.

Mis amigas dicen que no hay que publicar esas cosas, que es malo que aparezca un poema, una nota triste publicada, o que la gente se entere de que te sientes como un trapo viejo; al parecer las penas hay que mantenerlas en privado. Parece sensato ¿No? Pero me empelota esa falsedad, no es por ser patética pero si mi yo real lo está pasando como las reverendas entonces por qué mentir y responder siempre “¡Super bien! ¿Y tú?” por el chat, facebook u otro medio. ¡Como si estar triste fuera una obscenidad! ¡Cómo si una fuera una linda mascarita sonriente!
Me resisto y tercamente voy a escribir de como hoy lloré, pero no me malentiendan, ¿Ok?
Sigo amando mi vida tan intensamente como siempre, pero así la quiero, aun en estos días del carajo.

Resulta que me gusta la salsa. Me encanta. Es una de las cosas en las que logro poner el cuerpo en libertad, sentir la absoluta falta de dominio lógico y simplemente dejarse llevar por el ritmo. Me costó. Me cuesta harto, chistoso que me cueste disfrutar porque hay que dejarse llevar. Por eso me gusta la salsa, porque me obliga a no estar en control de todo, me transporta a otra yo. Por eso voy a bailar, pero igual llevo conmigo las ropas de mina independiente, casi nunca me pinto, a veces en bici, voy con short y zapatillas y con mi bocaza enorme que no es capaz de quedarse piola. Y a ese mundo no le gusta mucho ese atuendo, al parecer.

La clase a la que iba se suspendió, así que esperé que abrieran la Maestra y de paso ayudé en la clase básica. Y esperé. Hoy fue poca gente de la que conozco, mucha gente de los viejos que son casi una familia allá que son un círculo bien cerrado y bailan un estilo que sólo se baila ahí. Bailé algunas veces, pero en un momento me quedé sola sentada en una mesa mirando un buen rato. Vino una de las amigas que me he hecho en clase y me preguntó por qué los de ese clan no me hablaban y me largué a llorar. Me molesta que para ir a bailar salsa haya que pertenecer al clan. O tener mino salsero. Y eso que la Maestra es EL lugar donde puedes ir sola, ni hablar de otros lados. Me fui pronto. Maldita necesidad.

Hoy me empelota no poder bailar sola. Suena idiota, pero es la verdad.

Y como remate, en el camino a casa casi me asalta un tipo. Porque tampoco puedo andar sola en la calle tarde. Espero que mañana el día amanezca soleado porque no ando de ánimos para más nubes.

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